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viernes, 29 de noviembre de 2019
Comentario de Espronceda
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Romanticismo
lunes, 21 de mayo de 2018
El tema de España (Miguel d'Ors)
miércoles, 18 de abril de 2018
Un poema simbolista de Antonio Machado
Crece en la plaza en sombra
el musgo, y en la piedra vieja y santa
de la iglesia. En el atrio hay un mendigo...
Más vieja que la iglesia tiene el alma.
Sube muy lento, en las mañanas frías,
por la marmórea grada,
hasta un rincón de piedra... Allí aparece
su mano seca entre la rota capa.
Con las órbitas huecas de sus ojos
ha visto cómo pasan
las blancas sombras en los claros días,
las blancas sombras de las horas santas.
Soledades, galerías y otros poemas (1907)
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Un poema simbolista de Juan Ramón Jiménez
Ríos
de luna verde parecen los senderos,
y
en su corriente vaga de pensamiento y pena,
me
voy a un horizonte cuajado de luceros
en
una barca de blancura de azucena....
Las
orillas me envuelven en celestes olores,
hay
visiones, sin nadie, de una eterna olvidanza,
entre
la melodía del viento por las flores
me
miran las estrellas, cargadas de esperanza....
Noche
de lejanía... Y en las aguas perezco,
sobre
carnes de un alma vanamente florida...
...Cuando
tornan las rosas sobre el mar, amanezco,
como
un náufrago triste, arrojado a la vida...
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lunes, 14 de marzo de 2016
Figuras de "Blasón" de Rubén Darío
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martes, 10 de noviembre de 2015
Comentario de un fragmento del "Canto a Teresa", de Espronceda
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miércoles, 22 de abril de 2015
Figuras retóricas de "Orillas del Duero", de Antonio Machado
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martes, 21 de abril de 2015
Figuras retóricas de "Blasón", de Rubén Darío
El olímpico cisne
de nieve
con el ágata rosa del pico
lustra el ala eucarística y breve
que abre al sol como un casto abanico.
De la forma de un brazo de lira
y del asa de un ánfora griega
es su cándido cuello, que inspira
como prora ideal que navega.
Es el cisne, de estirpe sagrada,
cuyo beso, por campos de seda,
ascendió hasta la cima rosada
de las dulces colinas de Leda.
Blanco rey de la fuente Castalia,
su victoria ilumina el Danubio;
Vinci fue su varón en Italia;
Lohengrín es su príncipe rubio.
Su blancura es hermana del lino,
del botón de los blancos rosales
y del albo toisón diamantino
de los tiernos corderos pascuales.
Rimador de ideal florilegio,
es de armiño su lírico manto,
y es el mágico pájaro regio
que al morir rima el alma en un canto.
con el ágata rosa del pico
lustra el ala eucarística y breve
que abre al sol como un casto abanico.
De la forma de un brazo de lira
y del asa de un ánfora griega
es su cándido cuello, que inspira
como prora ideal que navega.
Es el cisne, de estirpe sagrada,
cuyo beso, por campos de seda,
ascendió hasta la cima rosada
de las dulces colinas de Leda.
Blanco rey de la fuente Castalia,
su victoria ilumina el Danubio;
Vinci fue su varón en Italia;
Lohengrín es su príncipe rubio.
Su blancura es hermana del lino,
del botón de los blancos rosales
y del albo toisón diamantino
de los tiernos corderos pascuales.
Rimador de ideal florilegio,
es de armiño su lírico manto,
y es el mágico pájaro regio
que al morir rima el alma en un canto.
Símil
Metáfora
Perífrasis
Enumeración
Hipérbaton
Aliteración
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martes, 18 de noviembre de 2014
Rima IX de Gustavo Adolfo Bécquer
XI
—Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?
—No es a ti, no.
—Mi frente es pálida, mis trenzas de oro,
puedo brindarte dichas sin fin.
Yo de ternura guardo un tesoro.
¿A mí me llamas?
—No, no es a ti.
—Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz.
Soy incorpórea, soy intangible,
no puedo amarte.
—¡Oh ven, ven tú!
Gustavo Adolfo Bécquer
lunes, 12 de mayo de 2014
Jacobo Sureda: un vanguardista mallorquín
En este enlace podemos leer dos poemas del poeta ultraísta mallorquín Jacobo Sureda, que mantuvo una amistad con Borges durante su estancia en la isla.
![]() |
| Borges en su juventud |
![]() |
| Jacobo Sureda |
viernes, 9 de mayo de 2014
Comentario de "El poeta pide a su amor que le escriba", de Federico García Lorca (2)
En
el primer cuarteto llama la atención el oxímoron
“viva muerte”
(contradicción entre
el adjetivo y el sustantivo), extraído –como también el último
terceto– del lenguaje de la poesía mística. Esta intensa
contradicción revela la naturaleza conflictiva del amor (tópico
también del Siglo de Oro), en donde placer y sufrimiento van a
partes iguales. El v. 4 resulta también un tanto paradójico: “que
si vivo sin mí quiero perderte”. ¿Se hace eco del “vivo sin
vivir en mí” de Teresa de Jesús? Seguramente, abundando en los
tópicos de la mística del s. XVI. La alienación del amor no
correspondido es también un “vivir sin mí”, lo cual aboca al
poeta a la soledad y a la “noche oscura” del final.
Otro elemento característico del poema son los versos bimembres, es
decir, divididos en dos mitades:
Amor
de mis entrañas, / viva muerte (v.
1)
El
aire es inmortal, / la piedra inerte
(v. 5)
ni
conoce la sombra / ni la evita (v.
6)
Pero
yo te sufrí, / rasgué mis venas (v.
9)
Y
la presencia de parejas de elementos contrapuestos (antítesis):
tigre y paloma
(v. 10), inocencia frente a ferocidad; mordiscos
y azucenas (v. 11),
pasión y pureza; llena,
pues, palabras […] /
o déjame vivir...
(v. 12-13), amor frente a abandono; locura
frente a serena noche
(v. 12-13). Todo eso abunda en el sentido conflictivo, agónico,
dualista de este poema. La realidad queda fracturada en elementos que
no pueden conciliarse. Y el poeta sólo parece encontrar una salida
en esa “serena noche / del alma para siempre oscura” de los
místicos.
| Dibujo de Federico García Lorca |
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poesía
Comentario de "Beato sillón", de Jorge Guillén
- Métrica.- Se trata de una décima (diez versos octosílabos con rima consonante que sigue la disposición abbaaccddc).a = asab = enciac = énd = alta
- Tema.- Constatación de la perfección del mundo.
- Comentario.- El poema empieza con un apóstrofe en el que, a la vez, concurren una exclamación y una personificación: “¡Beato sillón!” Se dirige a un objeto cotidiano, atribuyéndole una cualidad humana, la beatitud, es decir, la felicidad o, en un contexto cristiano, la bienaventuranza. Podemos pensar en un desplazamiento calificativo: el sillón es beato porque procura la beatitud al poeta que, sentándose en él, disfruta de momentos de placidez y serenidad. A pesar del apóstrofe inicial, el poema está escrito en 3ª persona (“corrobora su presencia”) y no en 2ª, como sería de esperar. Además, el poeta ni siquiera se halla ante su objeto poético, antes bien, disfruta adivinando su presencia desde otras habitaciones de la casa. La mera existencia del sillón ya le produce una sensación de bienestar:
[…] La casa
corrobora su presencia
con la vaga intermitencia
de su invocación en masa
a la memoria.
- El poeta siente a la vez una interrelación y una profunda armonía entre el sillón y el resto de la casa. Esta armonía se concreta en la sensación de placidez, de ausencia de sobresaltos o de cualquier motivo de inquietud: “No pasa / nada.” El encabalgamiento, al cortar en dos una frase hecha ya muy lexicalizada, consigue cargarla de sentido nuevo. Por otra parte, ese no pasar nada nos sitúa en un instante inmóvil, en una sensación de plenitud y de eternidad. Los versos siguientes no hacen sino confirmar esta impresión: “El mundo está bien / hecho.” Por segunda vez, un encabalgamiento que corta un sintagma y hace que nos fijemos más en una frase hecha, en lo que quizá es el verso más conocido y citado de Guillén y donde con más claridad se revela el tema: la perfección del mundo. Entre ambos, otra característica del ámbito doméstico donde todo es conocido, usual, consabido: “Los ojos no ven, / saben.” Nada llama la atención, uno puede transitar por el hogar casi a ciegas. Hay una relación más táctil que visual con los objetos acostumbrados. Encontramos, pues, dos oraciones negativas (“No pasa / nada. Los ojos no ven, / saben.”) pero de sentido positivo: negar para afirmar más profundamente.
- En los últimos versos, una alusión a S. Juan de la Cruz enfatiza el sentido de plenitud casi mística de esa experiencia de placidez. Escribe el poeta renacentista:
y
fui tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.
que le di a la caza alcance.
Jorge Guillén, con la repetición del sintagma “de tan alta, / de
tan alta” (reduplicación), alude a esos conocidos versos
de del poeta de Fontiveros. El instante exalta la perfección del
mundo, con una elevación que ya no admite altibajos:
[…] El instante lo exalta
a marea, de tan alta,
de tan alta, sin vaivén.
- Es difícil dividir un poema a la vez tan breve y con tanta condensación expresiva; en todo caso, si tuviéramos que determinar su estructura, distinguiríamos:
- Versos 1-5.- El sillón inmerso en el ámbito de la casa y su interrelación; la memoria como actualización de su presencia.
- Versos 5-8.- Sensaciones asociadas a la presencia del sillón: placidez, bienestar doméstico, intemporalidad.
- Versos 8-10.- Profunda afirmación vital desde el bienestar que experimenta el poeta.
Para ampliar el comentario ver aquí.
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martes, 6 de mayo de 2014
Comentario de "El ciprés de Silos", de Gerardo Diego
Se trata de un soneto de estructura clásica (versos
endecasílabos y rima consonante, según la siguiente disposición:
ABBA ABBA CCD EDE; recordemos que la distribución de la rima
en los tercetos es libre). La rima queda configurada del siguiente
modo: A = eño, B = anza, C = irme, D = ales, E = ilos. El poeta ha
optado por una rima difícil, que exige un notable virtuosismo
formal.
El tema es religioso: el anhelo de elevación espiritual por parte
del poema.
En la estructura pueden diferenciarse dos partes:
a)
Versos 1-8
(cuartetos).-
El poeta se centra en la contemplación del ciprés, que da lugar a
una serie de metáforas:
surtidor
(1), lanza
(2), chorro
(3), mástil
(5), flecha
(6) y saeta
(6). La mayoría de las imágenes (surtidor
y chorro,
flecha
y saeta)
enfatizan la idea del impulso ascendente, mientras que lanza
y mástil
se refieren simplemente a su forma y a su altura. Por otra parte, las
personificaciones
(acongojas,
loco
empeño)
son congruentes con el tú, con el hecho de que el poeta se dirija al
ciprés (apóstrofe)
y le dedique el poema. Finalmente, se pondera su altura que “a las
estrellas casi alcanza” (hipérbole).
Los
versos 5-6 se caracterizan por el estilo nominal (ausencia de verbos)
y por la concurrencia del paralelismo
y la enumeración.
El
estilo nominal puede sugerir un momento de clímax emocional. Además
son versos bimembres:
Mástil
de soledad, / prodigio isleño,
flecha de fe, / saeta de esperanza.
El
tú
del ciprés, en los versos 7-8 se ve confrontado al fin con el yo
del poeta: “mi alma sin dueño”. Frente al poder espiritual
simbolizado por el ciprés, el poeta se presenta de un modo humilde.
Su alma es “peregrina al azar”, sin rumbo fijo, sin una
orientación vital, y “sin dueño”, alejada de Dios, sometida a
su propio capricho. Puede evocar el principio de la Divina
Comedia,
donde el poeta también se presenta a sí mismo habiendo extraviado
el camino. La confrontación del poeta con el ciprés, al que
previamente ha alabado, marca la culminación de los cuartetos y da
sentido a la enumeración de imágenes precedente.
b)
Versos 9-14
(tercetos).-
Por fin aparece la 1ª persona en dos formas verbales (vi,
sentí);
antes había aparecido en un adjetivo posesivo. El poeta ya habla de
sí mismo y del efecto que ha producido en él la contemplación del
ciprés:
qué
ansiedades sentí
de diluirme
y ascender como tú, vuelto cristales
Se
trata de un ansia mística, de fusión, donde realmente el ciprés no
es sino un símbolo de Dios. Diluirme
y cristales
recuperan
las imágenes acuáticas de la 1ª estrofa (surtidor
y chorro).
El agua no tiene límites precisos y el poeta desea que su alma se
licúe para así poder unirse con Dios. En cambio, las imágenes del
2º terceto son más ásperas y sombrías: negra
torre,
arduos
filos,
delirios
verticales.
La última de ellas nos remite al loco
empeño
del 1r
cuarteto (personificación).
Las metáforas de connotación negativa (negra
torre,
arduos
filos)
nos recuerdan las dificultades del proceso espiritual: las noches
oscuras, el desánimo, las caídas... El ciprés, imagen de la
perfección espiritual, es también una fortaleza a conquistar y que
opondrá fuerte resistencia.
Sin
embargo, el poema se cierra con un verso redondo a modo de síntesis:
“mudo ciprés en el fervor de Silos”. Mudo
por el silencio monástico y fervor
por la elevación espiritual de los monjes. Se trata de una antítesis
sólo aparente: ambos términos confluyen en la intensidad de la
contemplación. También resulta gratificante que la última palabra
del poema sea precisamente Silos,
ya anunciada (como una especie de eco anticipado) por la rima
consonante -ilos.
![]() |
| Ciprés del monasterio de Sto. Domingo de Silos |
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miércoles, 30 de abril de 2014
Métrica y estructura de "El viaje definitivo" de Juan Ramón Jiménez
Métrica
Puede
considerarse como un poema en verso libre, aunque predominan los
denominados versos endecasilábicos (es decir, endecasílabos,
heptasílabos y eneasílabos, a veces como primer hemistiquio de un
verso más extenso).
Encontramos
rima asonante en todos los versos en las vocales a-o (pá[ja]ros,
cantando,
árbol,
blanco,
etc.). No deja de ser curiosa esta combinación de versolibirismo y
estructura monorrima.
Estructura
Es
una estructura cerrada ya que algunos elementos de la enumeración de
las estrofas primera y segunda (huerto,
árbol, pozo, cielo
y pájaros)
reaparecen en la última. Además en el último verso hay un eco del
primero. Está clara la intención de sugerir una estructura
circular. Sugiere remotamente la famosa “estructura sonata” del
clasicismo: exposición – desarrollo – reexposición. Juan Ramón
imagina su pueblo, con unos elementos muy típicos, muy previsibles,
después de su propia muerte. Parece como si la muerte limpiase la
mirada del poeta: todo aparece luminoso, lleno de colorido y, a la
vez, con una pena indefinible debida a su ausencia. La estructura
enumerativa y la repetición tienen que ver con esta delectación en
lo que un día va a perder. Su misma fugacidad le otorga una especie
de valor añadido.
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Figuras retóricas de "El viaje definitivo" de Juan Ramón Jiménez
…Y
yo me iré. Y
se quedarán los pájaros
→
11 (12-1)
cantando;
3
y se quedará mi huerto, con su verde árbol, 14
y con su pozo blanco. 7
Todas la tardes, el cielo será azul y plácido; 14 (15-1)
y tocarán, como esta tarde están tocando, 13
las campanas del campanario. 9
Se morirán aquellos que me amaron; 11
y el pueblo se hará nuevo cada año; 11
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado.18 (7 + 11)
mi espíritu errará, nostálgico… 9 (10-1)
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol → 15 (9 + 6)
verde, sin pozo blanco, 7sin cielo azul y plácido… 7 (8-1)
Y se quedarán los pájaros cantando. 12
y se quedará mi huerto, con su verde árbol, 14
y con su pozo blanco. 7
Todas la tardes, el cielo será azul y plácido; 14 (15-1)
y tocarán, como esta tarde están tocando, 13
las campanas del campanario. 9
Se morirán aquellos que me amaron; 11
y el pueblo se hará nuevo cada año; 11
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado.18 (7 + 11)
mi espíritu errará, nostálgico… 9 (10-1)
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol → 15 (9 + 6)
verde, sin pozo blanco, 7sin cielo azul y plácido… 7 (8-1)
Y se quedarán los pájaros cantando. 12
Poemas
agrestes (1910-1911)
polisíndeton
epíteto
encabalgamiento
→
enumeración
epanadiplosis
epanadiplosis
anáfora
paralelismo
aliteración
antítesis
aliteración
antítesis
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martes, 15 de abril de 2014
Juan Ramón Jiménez: "El poeta a caballo"
![]() |
| Picasso: "Arlequín a caballo" |
¡Qué tranquilidad violeta,
por el sendero, a la tarde!
A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!
La dulce brisa del río,
olorosa a junco y agua,
le refresca el señorío...
La brisa leve del río...
A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!
Y el corazón se le pierde,
doliente y embalsamado,
en la madreselva verde...
Y el corazón se le pierde...
A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!
Se está la orilla dorando...
El último pensamiento
del sol la deja soñando...
Se está la orilla dorando...
¡Qué tranquilidad violeta,
por el sendero, a la tarde!
A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!
Baladas de primavera (1910)
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lunes, 14 de abril de 2014
"Retrato" de Antonio Machado: métrica y contenido
Mi_in/fan/cia/ son/ re/cuer/dos//
de_un/ pa/tio/ de/ Se/vi/lla, 7 + 7 A
y_un/ huer/to/ cla/ro/ don/de// ma/du/ra_el/ li/mo/ne/ro; 7 + 7 B
mi/ ju/ven/tud,/ vein/te_a/ños// en/ tie/rras/ de/ Cas/ti/lla; 7 + 7 A
mi_his/to/ria_al/gu/nos/ ca/sos// que/ re/cor/dar/ no/ quie/ro. 7 + 7 B
y_un/ huer/to/ cla/ro/ don/de// ma/du/ra_el/ li/mo/ne/ro; 7 + 7 B
mi/ ju/ven/tud,/ vein/te_a/ños// en/ tie/rras/ de/ Cas/ti/lla; 7 + 7 A
mi_his/to/ria_al/gu/nos/ ca/sos// que/ re/cor/dar/ no/ quie/ro. 7 + 7 B
Versos alejandrinos (arte mayor,
formados por dos hemistiquios)
Rima consonante
Seventesio
Contenido:
Infancia y juventud (1)
Amor (2)
Ideología, posición política (3)
Estética (4, 5, 6)
Religión (7)
Sumario de su vida (8)
Muerte (9)
Amor (2)
Ideología, posición política (3)
Estética (4, 5, 6)
Religión (7)
Sumario de su vida (8)
Muerte (9)
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sábado, 12 de abril de 2014
Un poema de R. M. Rilke
¡Dios
mío! Tú el heredero has de ser.
Heredarás
el verde
de los
pasados jardines y el encalmado azul
de los
cielos caídos.
El rocío
de mil días,
y los
muchos veranos de que nos hablan los soles,
y las
puras primaveras con esplendores y quejas,
tal como
cartas de una mujer joven.
Tú
heredarás los otoños, que están en los recuerdos
de los
poetas, guardados como vestidos suntuosos,
y todos
los inviernos como países huérfanos,
acudirán
a Ti.
Tú
heredarás Venecia, como Kazán y Roma,
Florencia
será tuya, la catedral de Pisa,
la
Troitzka Lawra y aquel monasterio
que entre
los jardines de Kiev
forma un
laberinto
de
corredores obscuros y secretos;
Moscú, de
campanas hondas como recuerdos
toda la
música será tuya: violines, trompetas, palabras,
toda
canción de melodía profunda
brillará
en Ti pura como una piedra preciosa.
Tan sólo
para ti meditan los poetas
y salen a
la caza de imágenes,
musicales
y ricas,
y van
madurando a través de figuras
y están
toda la vida tan solos…
y los
pintores sólo pintan
para
eternizar lo que es perecedero,
para que
vuelva a Ti inmortalizado,
cuanto
creaste Tú perecedero:
tórnase
todo incorruptible.
Mira,
cual la mujer, ya desde largo tiempo
está en
Madonna Lisa madura como el vino;
ninguna
otra mujer debería existir,
pues una
mujer nueva nada aportaría de nuevo.
Los
escultores bien se parecen a Ti,
quieren
Eternidad. Y dicen: ¡Oh tú, piedra,
vuélvete
eterna! Que es como decir:
¡Piedra,
hazte suya!
Y aun los
amantes cosechan para Ti:
unos
breves instantes son poetas,
en una
boca inexpresiva saben imprimir
besando,
una sonrisa, como si la tornasen más bella,
y traen
su placer y el acostumbrado dolor,
que
dejaron crecer en sus pechos.
Sufrimientos
escóndense en sus risas,
anhelos
que dormían y despiertan
para
llorar sobre el pecho de otro.
Atesoran
enigmas y misterios para luego
morir
sin
comprender, tal como los animales mueren;
pero
quizá tendrán nietos
en que
madurará el verdor de sus vidas,
y llegará
por éstos a Ti aquel amor,
que ellos
gozaron ciegos y como si durmiesen.
Y así
fluye hacia Ti la abundancia del mundo.
Y tal
como las pilas más altas de las fuentes,
sin cesar
vierten a las más profundas
las
guedejas brillantes de sus sueltos cabellos;
así
también se vierte la abundancia en tus valles,
cuando los pensamientos y los seres rebosan.
cuando los pensamientos y los seres rebosan.
[Trad. Jaime Bofill y Fierro]
Encontrado en "Rayos y truenos", blog de Enrique García-Máiquez
lunes, 7 de abril de 2014
Antonio Machado: "Retrato"
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
-ya conocéis mi torpe aliño indumentario-,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
-quien habla solo espera hablar a Dios un día-;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
-ya conocéis mi torpe aliño indumentario-,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
-quien habla solo espera hablar a Dios un día-;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
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martes, 1 de abril de 2014
Rubén Darío: "Valldemosa"
Vago
con los corderos y con las cabras trepo
como
un pastor por estos montes de Valldemosa,
y
entre olivares pingües y entre pinos de Alepo
diviso
el mar azul que el sol baña de rosa.
Y
en tanto que el Mediterráneo me acaricia
con
su aliento yodado y su salino aroma,
creo
mirar surgir una barca fenicia,
una
vela de Grecia, un trirreme de Roma.
Y
me saca de mi éxtasis en la dulce mañana,
el
oír que del campo cercano llegan unas
notas
de evocadora melopea africana
que
canta una payesa recogiendo aceitunas.
Pían
los libres pájaros en los vecinos huertos;
se
enredan las copiosas viñas a las higueras,
y
muestra el sexual higo dos labios entreabiertos
junto
al ámbar quemado de las uvas postreras.
Plinio
llama Baleares funda bellicosas
a
estas islas hermanas de las islas Pytiusas;
yo
sé que coronadas de pámpanos y rosas
aquí
un tiempo danzaron ante la mar las musas.
Y
si a esta región dieron Catarina y Raimundo
paz
que a Cristo pidieron Raimundo y Catarina,
aún
se oye el eco de la flauta que dio al mundo
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