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martes, 11 de febrero de 2014

Artículo de opinión para analzar estructura

La bikini y otras operaciones 

Enrique García-Máiquez
 
Qué gratificante que tus intuiciones reciban la sanción de un filósofo. Escribí que "los abdominales predisponen al adulterio", y eso, dicho por mí, podría leerse como una oratio pro domo sua o como lo de las uvas y la zorra. Pero abro el último libro de Higinio Marín, titulado El hombre y sus alrededores, y encuentro toda una fundamentación antropológica de mi aforismo.

El filósofo explica que zoólogos y etólogos llaman "dimorfismo sexual" al conjunto de las diferencias anatómicas entre machos y hembras. El tamaño de los gorilas, la osamenta barroca de los ciervos o el exótico plumaje del pavo real son ejemplos. Más que a la defensa del territorio, se deben a los esfuerzos por tener acceso sexual a las hembras frecuente y en abundancia.

Aunque desde dentro las diferencias entre mujeres y hombres nos parezcan deliciosamente abismales, somos una de las especies menos afectadas por el diformismo sexual. Es una característica de las especies monógamas, sostiene Campillo Álvarez en La cadera de Eva, El protagonismo de la mujer en la evolución de la especie humana. Higinio Marín observa, pues, "la creciente y cada vez más intensa diferenciación de los jóvenes -y no tan jóvenes- varones mediante el desarrollo hipertrófico de grandes anatomías musculares que resultan particularmente expuestas durante las temporadas veraniegas", a lo que habría que añadir las operaciones bikinis y otras operaciones que desarrollan hipertróficamente las características femeninas, y se pregunta, medio en broma, medio en serio, si la cada vez menor estabilidad de las parejas, que provoca que los cortejos sean cíclicos o continuos, no estará provocando un diformismo sexual inducido. Eso explicaría la fiebre por la vigorexia, la cirugía estética y la cosmética, y también o la dismorfofobia o el narcisismo, dos caras de la misma moneda.

La estabilidad sentimental, en cambio, espiritualiza: el cuerpo va pasando a un segundo plano, alcanzando a veces cierta invisibilidad, aunque, por fortuna, siempre vuelve. No sólo conviene huir de las generalizaciones, trabajo que en este artículo dejo a la inteligencia de mis lectores, sino también de los extremos. Un cuidado natural del cuerpo, por salud y buen gusto, está bien; pero su exceso debe alarmarnos. Antes, convenía sospechar si te regalaban demasiadas flores. Hoy son los abdominales los que (ventrílocuos extravertidos) nos avisan de algo.

                                                                               

Dismorfofobia: Temor irracional de adquirir algún defecto, anomalía o enfermedad que afecte a una parte del cuerpo, especialmente al rostro.

Análisis de un texto argumentativo


Tesis: El alcohol lesiona el cerebro de consumidores jóvenes hasta el punto de impedirles percibir el peligro que representa. El argumento más consistente es el experimento realizado con ratas adolescentes de laboratorio.

Estructura: Es una argumentación deductiva porque plantea la tesis al comienzo del texto. Puede dividirse en las partes siguientes:
- presentación (tesis): primer párrafo;
- argumentos: el resto del texto, ya que carece de conclusión (aunque el párrafo cuarto tiene cierto carácter conclusivo, subrayado por un argumento de autoridad).
 


Tipos de argumentos utilizados:

- Hechos probados: Los resultados de un sondeo realizado en Estados Unidos en relación con el número de adictos que comenzaron a ingerir alcohol antes de los catorce años.
- Ejemplificación: El caso de Toren Volkmann, de 26 años.
- Autoridad: Aaron White, catedrático adjunto de investigación del departamento psiquiátrico de la Universidad de Duke.
- Relaciones lógicas: Alcohol en jóvenes adolescentes > daños neuronales > baja percepción del peligro que supone el alcohol > bajo rendimiento escolar, peleas, accidentes y falta de crecimiento.
 - Sentido común: El sentido común echa por tierra la suposición de que la gente puede beber mucho durante años sin sufrir lesiones neurológicas significativas.
- Tópicos sociales: La anterior falacia, rebatida por el sentido común, es un tópico social..
- Semejanza y analogía: Experimentos realizados con ratas adolescentes.


Tipo de argumentación: Se trata de una argumentación objetiva, como es propio de una tesis de tipo científico, que puede ser probada experimentalmente.
 

lunes, 10 de febrero de 2014

Texto argumentativo para comentario

El debate acerca del consumo de alcohol entre adolescentes era hasta ahora de carácter social y moral, pero podría no tardar en centrarse en la neurobiología. Los costes de un consumo elevado a una edad temprana parecen ir mucho más allá del tiempo que roba el alcohol a los deberes, el riesgo de peleas o accidentes y las dificultades que añade al crecimiento. Cada vez más investigaciones indican que el alcohol provoca más daños al cerebro en desarrollo de los adolescentes de lo que se solía creer, y les causa unas lesiones significativamente mayores que al cerebro de los adultos. En efecto. Aunque son preliminares, los hallazgos han echado por tierra la suposición de que la gente puede beber mucho durante años sin sufrir lesiones neurológicas significativas. Y la investigación incluso apunta a que un gran consumo de alcohol a una edad temprana podría socavar precisamente las capacidades neurológicas necesarias para protegerse del alcoholismo.
Los nuevos descubrimientos pueden ayudar a explicar por qué las personas que empiezan a beber a una edad temprana corren un enorme riesgo de convertirse en alcohólicas. Según los resultados de un sondeo realizado en Estados Unidos entre 43.093 adultos y publicado el 3 de julio en Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine, un 47% de las personas que comienzan a beber alcohol antes de los 14 años desarrollan una dependencia en algún momento de su vida, en comparación con un 9% de aquellos que esperan como mínimo hasta los 21 años.
La prueba más alarmante de daño físico proviene de experimentos de laboratorio con cerebros de ratas adolescentes sometidos a grandes cantidades de alcohol. Esos estudios observaron importantes daños celulares en el cerebro anterior y el hipocampo. Y, aunque no está claro hasta qué punto pueden aplicarse directamente esos hallazgos al ser humano, existen ciertas pruebas que indican que los alcohólicos jóvenes pueden sufrir déficits análogos. Por ejemplo, los estudios realizados durante los últimos ocho años por investigadores de San Diego descubrieron que los adolescentes alcohólicos obtienen malos resultados en pruebas de memoria verbal y no verbal, concentración y ejercicio de las habilidades espaciales, como las necesarias para leer un mapa o montar una estantería.
«Ahora no cabe duda de ello: el consumo excesivo de alcohol en la adolescencia entraña consecuencias cognitivas a largo plazo», afirma Aaron White, catedrático adjunto de investigación del departamento psiquiátrico de la Universidad de Duke. Una de las dos zonas cerebrales que se sabe que se ven afectadas es el hipocampo, una estructura crucial para el aprendizaje y la memoria.
Toren Volkmann, de 26 años, es un estudiante de la Universidad de San Diego que a los 14 años empezó a beber copiosamente casi todos los fines de semana, y a los 24 años ingresó voluntariamente en una clínica para someterse a un programa de tratamiento del alcohol, y afirma: «Para mí era algo habitual padecer una lipotimia al menos una o dos veces cada fin de semana cuando estaba terminando el instituto, y por supuesto en la universidad; pero entonces no le daba ninguna importancia».

                                                                                    Katy Butler (NY), El País.com
                                                                                    (texto adaptado)